Viajes de idiomas a Cornualles: en contacto con la naturaleza.
- Toby Keane

- 11 de febrero de 2022
- 3 minutos de lectura
Vuelvo a estar atado al móvil. A la aplicación de correo electrónico, más concretamente, y a las notificaciones, y al calendario. A veces me parece que vivo mi vida a través de este aparato. Organizo mi día en horarios e intento, como hacemos todos, cumplir con las citas, para sacar el trabajo adelante. Este estado mental funciona como una especie de vórtice o agujero negro. Es fácil pensar que el móvil, o cualquier tecnología en general, es la llave que abre la puerta al éxito y a la conexión, pero parece que a veces todos nos perdemos en este mundo artificial.
A menudo pienso en lo peligrosa que es esta tecnología y en sus profundos efectos en los jóvenes, muchos de los cuales ya se han acostumbrado a tocar una pantalla antes incluso de saber andar.
Por muy frustrante que resulte, la tecnología que atrapa nuestra atención —ya sean las redes sociales o las aplicaciones de gestión de agendas— es también la misma que hace posible la aplicación «Waking Up» de Sam Harris. Te recomiendo que le eches un vistazo, si aún no la conoces.
Mudarnos de Londres a Cornualles, como hicimos mi mujer y yo hace unos 15 años, también fue una especie de despertar. Ahora me resulta difícil describir con exactitud cómo se sentía vivir en el sur de Londres, pero quizá esto te dé una idea: a veces oigo el sonido del metro al llegar, como una especie de flashback auditivo, el soplo del viento, y entonces recuerdo la falta de conexión que se respiraba en el tren y en las calles.
Hace 15 años nos despertamos aquí, en St Agnes, y Skool es también una especie de despertar.
El complejo de Wheal Kitty se encuentra sobre la cala de Trevaunance. En su día fue una zona industrial, pero hoy en día esa industria yace en ruinas en los acantilados.
Y los acantilados son impresionantes. La luz de la tarde pone de manifiesto hasta qué punto el asombro, los minerales y el metal conforman estos acantilados, que presentan tonos ocres y anaranjados. Y el mar embravecido, que últimamente se ha mostrado increíblemente agitado, se agita y rompe contra la orilla.
Trabajar en los acantilados te transmite una sensación abrumadora del poder y la belleza del mundo natural. Y cada vez que recorro la ruta South West Coast Path (¡a metros de nuestra puerta!), no solo me siento más cerca de la naturaleza, sino que, a menudo, menos agobiado por la tecnología moderna y las trampas y garras de la vida actual. Porque, en realidad, Skool es para mí tanto un refugio como un lugar de trabajo. Y, en cierto sentido, esto es lo que quiero que nuestros alumnos también sientan. Un refugio y un santuario, combinados con el aprendizaje y la vida en un entorno que impone su propia presencia. Es un fenómeno extraño, pero el mar atrae tu mirada hacia él. He visto, en las expresiones de cada alumno y de cada forastero que llega a St Agnes, el deseo de contemplar el Atlántico —y de quedárselo mirando, sin el lastre de esos agujeros negros mentales—.
Este es el concepto fundamental de nuestra escuela: clases reducidas para adultos, enseñanza personalizada y la posibilidad de aprender inglés en un entorno espectacular. Nuestro objetivo es ayudarte a mejorar tu inglés, pero también a conectar con el lugar en el que te encuentras y con quién eres. Por eso nuestras clases son reducidas y por eso somos una escuela exclusiva para adultos.
También ofrecemos actividades, pero lo que proponemos no es algo que se consuma, sino que se viva. Y se recuerde. Recorrer la ruta costera no es solo caminar, es conectar con la naturaleza. Lo mismo ocurre con los deportes acuáticos: no solo hacemos surf y kayak, sino que conectamos con el océano.
Y la promesa de Skool, así como la promesa personal que me he hecho a mí mismo, es asegurarnos de fomentar y crear un entorno que te ayude a mejorar tu inglés, en el que te sientas a gusto y, sobre todo, que te ayude a conectar con los demás.









